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lunes, 14 de enero de 2013

El Capitán de la Bitácora


Por Eduardo García Guerrero                       

          Acabo de leer un excelente libro que se llama “BITÁCORA DEL CAPITÁN”,  donde un marino mercante mexicano narra lo que ha sido su vida.
          Hoy que di vuelta a la última página, sentí como si estuviera saliendo de una larga tertulia con un amigo, donde él me hubiera platicado su vida con las palabras que se utilizan en las charlas de camaradas. Así de amena es la narración, con un lenguaje sencillo, sin rebuscamientos y contando las cosas como fueron, como él las vivió. Muchas veces, en el transcurso de mi lectura, me dieron ganas de destapar dos cervecitas –una para cada uno- y así aderezar la sabrosa plática.
          El autor es el Capitán de Altura Miguel Ángel López González, quien egresó en el año de1957 de la Escuela Náutica de Veracruz.
          Es muy difícil hacer un resumen de un libro donde se narra toda una vida en el mar, así que les pido perdón por anticipado si caigo en error de omisión de algún aspecto importante.
         El Capitán nació el 15 de mayo de 1934 en Ometepec, un pueblo acunado entre dos cerros, en la costa chica de Guerrero. Este bello pueblito está entre la montaña y el mar, en las faldas de la Sierra Madre Occidental.
           Fue hijo de madre soltera, una mestiza valiente llamada Cristina que lo crió a fuerza de sacrificios ayudada por su mamá Lupita y sus hermanas. Miguel Ángel creció al arrullo de las chilenas marineras que se cantan en su pueblo desde que los barcos españoles las trajeron del hemisferio sur. Creció y estudió a base de tesón y amparado por el arduo trabajo de un matriarcado bienhechor y riguroso. Trabajó desde muy chico para ayudar a su madre. Fue, entre otras cosas, leñador, peón de milpa, mozo de curato, paletero, peón de albañil, vendedor de almanaques y ayudante de matancero.
          ¿Y qué con eso? Me dirán algunos cínicos, Hay muchísima gente que ha trabajado así de duro.
           Pues sí, es cierto, pero aquí tenemos la agravante de que todos estos empleos los tuvo Miguel Ángel antes de salir de la primaria, a la edad en que la mayoría de los niños solo piensan en jugar.
          Tras graduarse de la escuela primaria, entró a estudiar la secundaria en el mismo Ometepec, en una de las primeras escuelas secundarias que se abrieron ahí.  Un pariente de su rama paterna lo acogió en su casa durante el año y medio que estudió secundaria en Ometepec. Miguel Ángel correspondió trabajando duro en los muchos quehaceres de la casa y los corrales. Frente a la casa de su pariente vivía un personaje que parecía sacado de una novela de Gabriel García Márquez.  Febronio Pachuca era un solterón pensionado de la Armada de Estados Unidos que había navegado por todo el mundo. Estuvo en todos los frentes de batalla del Pacífico, durante la segunda guerra mundial y era un héroe de la marina norteamericana. Decía que unos marinos de un barco norteamericano fondeado en Acapulco lo habían secuestrado para enrolarlo a fuerza en la U.S. Navy y así era como había empezado su carrera en el mar. Vivía solo, en esa casa de pueblo que había comprado con su pensión. Se paseaba por las calles de Ometepec ataviado con camisas floreadas de seda, lentes Ray-Ban y vistosos relojes. En sus brazos, y en el pecho, lucía tatuajes marineros. La sala de su casa estaba literalmente tapizada con fotografías de barcos, marinos y puertos.
          A Febronio le gustaba aparecerse todos los días en el corral de la casa donde vivía Miguel Ángel, justo a la hora en que ordeñaban las vacas y armado con una jarrita de peltre. Mientras le llenaban la jarra con leche recién ordeñada, les contaba a los muchachos historias de barcos, de marinos y de la vida a bordo. Antes de irse, le pegaba una esculcada a los gallineros, para completar su desayuno con unos huevitos y salir tan campante como había entrado. Ésos fueron los primeros contactos del adolescente Miguel Ángel con el mar.
         Hubo unas vacaciones de ese período de su vida que Miguel Ángel recuerda con especial énfasis pues en esa ocasión fue la primera vez que se enfrentó con la muerte. Estaba pasando unos días en el rancho de sus parientes, que se encontraba a cuatro o cinco horas a pie de Ometepec. Una de tantas mañanas en que salió a caminar por el campo, fue mordido por una víbora de coralillo. Alcanzó a matarla con su machete y se la llevó al cuidador del rancho. Cuando el señor vio a la víbora se puso pálido. La mordedura de esta serpiente, le dijo alarmado, es mortal por necesidad. Lo llevaron a un caserío cercano donde vivía una de sus tías lejanas. La señora le dio a beber mucho suero de leche -del que queda después de hacer los quesos-  y le cubrió la herida de la coralillo con cuajada.
          De repente, la cama de varas donde lo habían acostado fue rodeada por mujeres envueltas en negros rebozos que rezaban y lloraban desconsoladamente por “el güerito”, que había ido a morirse precisamente ahí, en ese lugar tan apartado de la mano de Dios.
          Los hombres empezaron a armar una parihuela para llevar el cadáver al pueblo.
          Pero da el caso que al “güerito” no se le dio la gana morirse, ni ahí ni entonces. Pidió que le ensillaran un caballo y se lanzó a galope a Ometepec, seguido por uno de los lugareños. A su llegada al pueblo ya había perdido el conocimiento y su acompañante tuvo que explicar a sus familiares lo que había pasado. Dos médicos que lo revisaron dictaminaron que no había nada que hacer pues el veneno ya había surtido efecto. Prescribieron café con limón, como diurético, y le dijeron a doña Cristina que lo encomendara al Altísimo.
          Duró tres días inconsciente. Al cuarto día empezó a dar señales de vida y al quinto pudo reconocer a su mamá y a su hermano. En una semana ya había regresado a sus clases en la secundaria.
           El Altísimo había escuchado las plegarias.
          Miguel Ángel estaba destinado a vivir una vida plena. Una vida de servicio. Ser el pilar de una familia valiosa.
           Por recomendación de un primo-casi hermano, Joel Zapata, decidió terminar la secundaria en un internado de Atlacomulco en el Estado de México. Tras viajar con mil dificultades logró llegar, en una primera etapa,  a la enorme y despiadada Ciudad de México, donde se alojó con un tío que prácticamente lo obligó a trabajar con él como ayudante sin sueldo en su negocio de vendedor ambulante. Por diversas circunstancias, no pudo llegar a tiempo a Atlacomulco y, cuando lo hizo, fue para recibir la noticia que la fecha para inscribirse ya había expirado y no podía ingresar al internado. Habló de nuevo con su primo Joel y éste le consiguió una carta de recomendación para otro internado de Orizaba, Veracruz.  Pudo entrar ahí y eso fue un parte aguas en su vida ya que uno de sus condiscípulos, un veracruzano llamado Jesús Reyes Morales, lo convenció de irse a estudiar a la Escuela Náutica de Veracruz cuando terminaran la secundaria. Antes de egresar de Orizaba recibió uno de los dolores más fuertes de su vida; Su hermano Nino falleció en un accidente de carretera.
         Con grandes dificultades -como casi todo en su vida- Miguel Ángel pudo llegar a Veracruz a presentar su examen de admisión. Desde el principio le encantó el puerto y su gente. La alegría y la franqueza de los veracruzanos lo hicieron sentirse en casa. Como era de esperarse en un muchacho tan dedicado a sus estudios, logró pasar el examen de admisión. En esa horneada entraron 120 alumnos de los cuales egresaron solo 33. Así de dura era la carrera. En esos tiempos el director de la escuela era el Capitán de Altura Marcelino Tuero Molina y el subdirector el Jefe de Máquinas José Santos.
         Era la época cuando la escuela no era internado así que al principio tuvo que alojarse con la familia de su amigo Jesús.
         La historia de cómo pudo costearse los estudios es algo que debe tomarse en cuenta por quienes no lo conocen y lo tachan de haber sido muy duro con sus subalternos. Durante casi toda la carrera trabajó como velador en la propia escuela, a manera de cubrir así la colegiatura y además allegarse recursos para pagar el abono mensual del camión. También trabajó como estibador y como vendedor de artesanías en sus días libres. 
          El 8 de diciembre de 1957 se graduó como pilotín de la Marina Mercante Nacional. Con él se graduaron otros nueve muchachos en cubierta y 23 en máquinas. Sólo 33, de los 120 iniciales, lograron culminar sus estudios.
          Su primer barco fue el BM “María Dolores” donde se embarcó como pilotín en Acapulco. El pequeño barco de cabotaje era propiedad del Capitán Oscar Schindler y formaba parte de la flota de una compañía llamada Servicios Marítimos del Pacífico. Era un buque viejo y en muy malas condiciones. Baste para darse cuenta del estado del barco el comentario que le hizo a Miguel Ángel uno de sus parientes que lo fue a despedir al muelle en esa ocasión;  Gallo, cuídate mucho, esta chingadera no tiene forma de barco, al menos yo no se la veo.
           Su primer viaje fue de Acapulco a Manzanillo. La chingadera daba apenas 5 nudos, así que tardaron casi tres días en hacer el recorrido. Le gustó Manzanillo. En esa estadía en puerto –su primera- se topó de frente con la bellísima costumbre marinera de que ni los pilotines ni los aspirantes pagaban las cuentas en las cantinas.
         Échense esta escena: A mediodía en el “Bar Social”, ocho oficiales de diversos barcos, un pilotín, un aspirante y Paco Morales. Meridiana gratis.
          A medianoche en el bule, doce oficiales, un pilotín y Paco Morales. Borrachera –y otras cosas- gratis.  ¡Qué buena costumbre!  (Si eres pilo o aspi).
         Para los que no lo conocieron, Paco Morales era un personaje inolvidable de Manzanillo. Sabía de memoria de qué escuela y de que generación eran todos los oficiales de los barcos y subsistía haciéndoles mandados y favores.
          Y no se confundan: Con lo de otras cosas, yo me refería a cigarrillos y botana.
         En una de tantas estadías, esta vez en el fondeadero de Patacalco, cerca de la desembocadura del Río Balsas, aprovechando que el sábado y domingo no trabajaba el personal de tierra, Miguel Ángel y otros oficiales del “María Dolores” organizaron una excursión a la playa. Una vez ahí, caminaron como una hora hasta llegar a la orilla del Río Balsas. Uno de los oficiales los retó a que atravesaran la turbulenta corriente del río. Miguel Ángel y otro de los oficiales aceptaron el reto y se lanzaron al agua sin pensarlo mucho. Ésa fue la segunda vez que se enfrentó con la muerte. La corriente los arrastró más de medio kilómetro. A duras penas lograron llegar a la otra orilla donde quedaron desfallecientes sobre el zacate.
          En otra ocasión, estando atracados en Guaymas cerca del barco insignia de la flota de Servicios Marítimos del Pacífico, el BM “Sinaloa”, Miguel Ángel le pidió al capitán de este barco que le permitiera continuar sus prácticas con él. El Capitán, tras consultarlo con su homónimo del “María Dolores”, le permitió subir, habilitado como tercer oficial, en lo que era el primer ascenso del novel pilotín.
          Terminó sus singladuras en el BM “Caribe” un viejo barco de vapor que pertenecía a la misma línea que los anteriores.
          El 7 de julio de 1959 presentó su examen profesional en la capitanía de puerto de Veracruz. No tuvo problemas en pasarlo. Ya era piloto de la marina mercante. El examen “práctico” se llevó a cabo en Los Portales del bello puerto jarocho donde brindó con sus sinodales por su futuro.
        Por esos días reafirmó su relación con una bellísima ojiverde que, al paso del tiempo, se convertiría en la compañera de su vida y la madre de sus hijos. Norma Pérez Morales era hija de Salvador Pérez Magaña, un tabasqueño, Capitán de Corbeta retirado de la Armada de México y de Evangelina Morales Díaz,  una nativa de Autlán de la Grana, Jalisco.  Su boda tuvo lugar en enero de 1962.
          Sería demasiado largo hacer el relato de toda la carrera en el mar del capitán López González.  A modo de abreviar les diremos que, después de esos primeros barcos, tuvo una carrera larga y exitosa como oficial y como capitán de una gran cantidad de buques de diversos tonelajes y clases. Anduvo entre otros en el “Ave de Tahití”, el “Don Lorenzo”, el “Hermosillo”, el “Constitución”, el “Guadalajara”, el “Puebla”, el “Tlaxcala” de tan malos recuerdos, el “Campeche”, el “Mexicano”, el “Azteca” y el “Monterrey”.
           Aquí habremos de hacer una breve pausa para intercalar un momento que a todos los marinos golpea tarde que temprano. Durante su estancia como capitán del “Monterrey” que, entre paréntesis, fue el primer barco containero mexicano, Miguel Ángel pudo disfrutar de unas vacaciones largo tiempo aplazadas para poder estar en el nacimiento de su hija Norma. Salvo cortas visitas a bordo, de su esposa Norma y su hijo mayor Miguel, tenía tres años sin ver a la familia. Por azares del destino no pudo llegar a tiempo al nacimiento. Llegó un día después del alumbramiento a Veracruz, directo al sanatorio a ver a su más reciente retoño. Dentro del remolino de emociones que tuvo ese día, un sentimiento le pegó directo al corazón. Su hijo Fernando tenía cuatro años de edad y hacía tres que no veía a su padre; las tres cuartas partes de su corta existencia. El niño vio a Miguel Ángel como se ve a un extraño y eso le caló en lo más profundo de sus sentimientos. A partir de ahí, una pregunta lo empezó a obsesionar; ¿Vale la pena estar tanto tiempo alejado de mi familia?
          Al terminar sus vacaciones presentó su renuncia a Transportación Marítima Mexicana. Estaba decidido a pasar más tiempo con su familia. Los directivos de la compañía no querían dejarlo ir pues se había convertido en uno de los capitanes estrella de TMM. Nada lo hizo cambiar de opinión.
            Mas dice un dicho muy sabio que “El hombre propone y Dios dispone”
          Tras un fugaz paso por el mundo de las agencias consignatarias y estar un tiempo como subdirector de la Escuela Náutica de Tampico, Miguel Ángel tuvo que hacer de tripas corazón y regresar a los barcos.
            De su etapa como subdirector de la Náutica de Tampico son sus primeros libros técnicos que tituló; “Contenedores, carga y estiba” y “Buques y sistemas de carga” también su tablilla con dibujos del “Reglamento internacional de luces y señales” para prevenir los abordajes en la mar.
            Regresó a los barcos a una empresa en ese entonces nueva, Navimex, con la promesa, por parte de su director, de estar un año embarcado para después quedarse en tierra en las oficinas administrativas.
         El primer buque que le tocó capitanear fue el “Río Yaqui”. Tras un año de intensa navegación se tomó unas vacaciones en Veracruz después de lo cual se incorporó a las oficinas de Navimex en la Ciudad de México. Su primer trabajo ahí fue elaborar el reglamento interior para los oficiales de los barcos, el cual normaría la operación de los mismos.
          Tras ser revisado y ajustado por todos los demás ejecutivos, el documento fue puesto en vigor. El reglamento fue mal recibido por los oficiales quienes se inconformaron con el director por la dureza del mismo. Ante la firmeza del ejecutivo no tuvieron de otra que aceptarlo pero pidieron a cambio la cabeza del capitán López González. Cuando el director le preguntó al secretario del sindicato de pilotos “¿Por qué el capitán López?” éste le contestó que la razón era porque él era el autor del reglamento. El director entonces les aclaró que el reglamento había sido elaborado y aprobado por todos los ejecutivos, que por qué no pedían la renuncia de todos ellos y solamente la del capitán López, ¿Tienen algo personal con él, acaso es corrupto, sinvergüenza, incompetente, qué es para ustedes? les preguntó. El líder del sindicato le contestó entonces… “es un cabrón”.
          En ese momento el director se levantó enojado y les dijo “Búsquenme cuatro cabrones como él para relevarlos a ustedes” y se salió de la junta. El reglamento siguió en vigor.
          Tras un tiempo en Navimex, Miguel Ángel decidió independizarse y formó su propia compañía de salvamento, rescate, reflotamiento y remolque de embarcaciones.
         Ya su familia estaba afincada en la Ciudad de México y gracias al producto de su trabajo pudo comprar una casa ahí. Con grandes esfuerzos logró pagar a sus tres hijos carreras universitarias. Miguel, Fernando y Norma son ahora personas útiles a la sociedad,  gracias en mucho a la guía invaluable de su madre, que también supo ser padre, durante las ausencias del marido.
          En enero de 1983, estando en Salina Cruz Oaxaca, se topó con la otra Norma de su vida. Como con aquella ojiverde veracruzana, el flechazo fue a primera vista.
        El BM “Charta” era un pequeño barco carguero propiedad de Sales Hogar del Grupo Monterrey. Estaba en dique, donde le habían hecho limpieza y pintura de casco y reparaciones menores. Los propietarios no habían pagado por los trabajos y el barco estaba detenido.  Tras algunas investigaciones, trámites y promesas y una enorme dosis de fe, Miguel Ángel se convirtió en orgulloso propietario del “Charta” al que cambió el nombre por “Norma” como su esposa y su hija.
           Este fue el inicio de un calvario que estuvo a punto de destrozar a su familia y convertirlo en un hombre amargado para todo el resto de su vida.
           En diciembre de ese 1983 el “Norma” se varó en la playa de Nautla, Veracruz, mientras navegaba contra un norte huracanado en viaje a Tampico. El Capitán López, en cuanto se enteró del desastre, viajó hacia allá desde Tampico, donde se encontraba esperando su arribo. La compañía aseguradora lo declaró como pérdida total. Con el producto del seguro apenas y alcanzó a pagarle a los antiguos dueños y al astillero de Salina Cruz. Ofreció a la Aseguradora comprarlo como deshecho y éstos aceptaron su oferta. El problema ahora era como sacarlo. Sin recursos y sin socios a quienes recurrir tuvo que hacer uso de todos los recursos aprendidos en su carrera y de toda su fuerza de voluntad para poder reflotarlo. Afortunadamente hubo compañeros y familiares que le dieron su ayuda. Haciendo uso de su inventiva y del tesón que lo caracterizó desde su niñez en Ometepec, Miguel Ángel pudo sacar –contra todos los pronósticos- al “Norma” de su atolladero.
           Pero éste fue sólo el inicio de una cadena de eventos desafortunados que incluyeron la muerte de un polizón, accidentes en puerto, falsas acusaciones de contrabando de armas en Honduras, descomposturas del equipo y la muerte del jefe de máquinas. Por si fuera poco todo esto, Miguel Ángel se empezó a enfrentar con la podrida burocracia mexicana, cuyo fango empezó a ahogarlo.
           Dicen que los que compran un barco tienen dos alegrías; una es cuando lo compran y otra cuando lo pueden vender. Esto no sucedió en este caso. El día que por fin pudo malvender al “Norma” fue para Miguel Ángel uno de los días más tristes de su vida.
            Y otra vez  a navegar.
             En esta ocasión como capitán de un buque que parecía un acertijo; Español con bandera mexicana. El VLCC “Altamira” era un  supertanque que navegaba entre África y Europa. Tras esta experiencia se desembarcó y empezó a trabajar para el FIDENA como encargado del barco escuela “Náuticas México” donde fue un factor decisivo para la buena operación del buque. Otra vez le tocó luchar contra la burocracia y la corrupción del gobierno federal mexicano.
           La eterna lucha del Quijote marinero contra los molinos de viento políticos.
          Tras esta nueva experiencia, regresó a la iniciativa privada ahora como inspector de buques y en asesoría marítima.
         Al día de hoy, a sus 78 años, el Capitán sigue trabajando como él sabe hacerlo; poniendo lo mejor de sí mismo en lo que hace.
CAP1.jpg
El Capitán Miguel Ángel López González en la actualidad.  Ha sido distinguido con la condecoración
por servicios a la Marina Mercante y es miembro de la legión de Honor de la Marina Mercante.

         Yo no lo conozco en persona, nuestra comunicación ha sido a través de correos electrónicos mediante los cuales ha nacido una amistad alimentada por nuestro mutuo amor por la literatura y la Marina Mercante. Algunos compañeros a quienes les he preguntado por él coinciden en que es un profesionista capaz, trabajador y muy derecho, con una cierta fama a través de su carrera en los barcos de haber sido muy duro con sus subordinados… Un cabrón pues.
          Lo que sí estoy muy seguro es de que con cuatro cabrones como el Capitán Miguel Ángel López González en los puestos clave de la marina mexicana, ésta se endereza porque se endereza.
Un abrazo a todos.

Eduardo García Guerrero
            Mexicali, B.C. Enero del 2013

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una historia muy similar a la de muchos marinos,que abandonamos el hogar hacia el mar en busaca de mejores horizontes,y que nos regresamos del mar jalados por el amor a nuestras familias,muchos en el offshore al acabarse la marina de altura...no me parece muy singular
Mas raras y dignas de novelas de sci-fi son las historias de "exito" de muchos marinos basadas en tormentosas relaciones con homosexuales, o bien que se arratran en la voragine de la corrupcion en nuestro pais...Atencion señor Spielberg jejeje

Anónimo dijo...

Estimados Colegas y Amigos:

Independientemente y respetando la opinion que cada quien emita al respecto, considero que el Captn. de Alt. Miguel Angel Lopez Gonzalez es un profesional que indudablemente proporciono extraordinarias aportaciones al fortalecimiento de la otrora epoca de oro de la Marina Mercante Nacional.

Por supuesto que al igual que el, existen y existieron personajes de cuantiosa valia y talla para el desarrollo de lo que fue la Marina Mercante, misma que sucumbio debido a la inpetitud gubernamental e interes de empresarios sin ningun arraigo por el sector no obstante contaron con profesionales expertos en la industria.

En lo personal tuve el enorme gusto de ser instruido por sus textos en mis inicios en TMM abordo del M/V Monterrey, asi como la convivencia laboral durante mi comando del Nauticas Mexico y en la coicidencia de actividades contratarlo como inspector ya en mi incursion en la operacion portuaria, siendo siempre un profesional muy capaz y entregado.

Podran no gustarnos formas de ser y razgos personales, pero esto no le resta merito ni reconocimiento a la trayectoria del Captn. Lopez.

Reciban un cordial saludo.
AP

Pil.Nav. José Luis de la Grana dijo...

Si recuerdo al Cap. Miguel Angel López no tuve el gusto de navegar con el cuando estuve en TMM,los comentarios que recibí de el fueron que es muy Profesional y con mucha experiencia y coincido con el en muchas cosas como el sacrificio vivido abordo por largo tiempo donde tenía uno que ser exigente con la Compañia para que mandara los relevos lo que le agregaría de comentarios es que también se pasó por una época económica del país muy dificíl, había devaluaciónes muy seguido y cada vez tenías más responsabilidad y menor sueldo fué por lo que dejé TMM estaba de primer oficial del B/M "MAYA" y ganaba 500 dólares al mes un marinero 80 dólares en España ni para taxi les alcanzaba y traían descuento familiar solo recibían 20 dólares al mes, y así se vivía abordo con una tensión de inconformismo de la gente y uno tratando de ser lo más profesional posible, yo sabía que el problema era de los Gobiernos del Lic. Echeverría y del Lic. López Portillo había una inestabilidad financiera que arrastró a todos los Mexicanos e influyó para desaparecer las Empresas Navieras no se le dió apoyo estructural legal y hacendario y fué debilitando a las empresas viendose obligadas a vender los barcos poco a poco y los Marinos a alejarnos de ellos buscando la Sonda de Campeche para no salir del país y recibir mejor paga, reconozco que para mí fué muy duro dejar a TMM me dió la oportunidad desde que erá Pilotín de estar abordo en la mejor Formación Profesional que tuve a parte de la Escuela Naútica, le agradezco Cap. Miguel Angel por los libros que ha escrito y por darnos ese ejemplo de lucha incanzable de sacar adelante a la Familia y darle buenos principios de resposabilidad, que sigan sus éxitos y nos dure muchos años más, gracias.

Magdalena Lagunas-Vázques dijo...

Muy buenas tardes solicitó de la manera más atenta ayuda para localizar los datos de un Capitán de Altura de la Marina Mercante que tripulaba el Ave de Tahiti durante aproximadamente 1960_1963 ... Por el Golfo de California (recorriendo Guaymas, Santa Rosalia, Mazatlan, La Paz.... Específicamente Santa Rosalia. Su hija de Santa Rosalia Avelina Gracia de poco más de 60 años lo busca... Ella prácticamente quedó huérfana y ha vivido en La Paz. Por favor cualquier dato enviarlo al siguiente correo:
vaz.lag@gmail.con

Muchas gracias.